Magíster y máster en áreas como Coaching, Liderazgo, Filosofía, Bioética y Pedagogía, con formación académica en Ecuador, México y España. Docente universitario de la UTPL y educador con más de 17 años de experiencia en los niveles secundario, tecnológico y superior. Sus líneas de interés se centran en Educación, Sociedad, Pedagogía y Didáctica. Además, dirige el proyecto y repositorio literario en línea para escritores aficionados “El Boceador”.
¿Puede una antigua historia de fe encontrar respuestas en los registros del clima? ¿Es posible que una crónica escrita hace más de cuatro siglos nos ayude a comprender lo que ocurrió en aquel pequeño poblado de El Cisne, cuando sus habitantes estuvieron a punto de abandonar sus tierras? La respuesta nos lleva hasta 1594, un
Hay historias que comienzan con una fecha. Otras, con un milagro. La de Nuestra Señora de El Cisne comienza, según la memoria de su pueblo, con una tierra sedienta, unos campesinos desesperados y una esperanza que se negaba a morir. Corría el año 1594. En aquel pequeño poblado escondido entre las montañas de Ambocas, la
Hay nombres que aprendemos antes de saber escribirlos. Los escuchamos en las conversaciones de nuestros abuelos, en las oraciones de nuestras madres y en aquellas romerías donde miles de voces parecen convertirse en una sola. Uno de ellos es el de nuestra querida Churonita. Pero ¿alguna vez nos hemos preguntado si debemos llamarla Virgen del
Hay imágenes que creemos conocer porque las hemos visto toda la vida. Están en las estampas de nuestros abuelos, en una fotografía familiar, en el altar de una casa o avanzando entre miles de personas durante una romería. Sin embargo, basta detener la mirada en un pequeño detalle para descubrir que también ellas tienen una
Hubo un tiempo en que para escuchar nuevamente una canción había que rebobinar una cinta. No existían Spotify, YouTube ni archivos guardados en la nube. Había casetes que pasaban de una mano a otra y que, con los años, terminaban convertidos en pequeñas cajas de recuerdos. Uno de ellos guarda una parte hermosa de la
Hay fechas que permanecen en los calendarios y otras que terminan viviendo en la memoria de un pueblo. Para Loja, el 8 de septiembre de 1930 pertenece a estas últimas. Aquella mañana no se colocó simplemente una corona sobre una imagen religiosa. Se cerraba una historia de anhelos, cartas, gestiones y espera; y comenzaba otra:
Hay recuerdos de septiembre que no comienzan con una fotografía, sino con un sonido. Primero, el redoble de la banda; después, el silbido de un cohete que obliga a levantar la cabeza y, finalmente, un cielo oscuro que se llena de chispas. Para varias generaciones de lojanos, así se anunciaban las noches de fiesta en
Hubo un tiempo en que septiembre llegaba a Loja cargado en mulas, envuelto en cobijas y anunciado por voces de comerciantes. La ciudad cambiaba de ritmo. Junto con los peregrinos que acompañaban a Nuestra Señora de El Cisne aparecían los “feriantes”, esos viajeros capaces de convertir calles y plazas en escaparates de un mundo que,
Mucho antes de que miles de peregrinos llenaran las carreteras de Loja, antes de las bandas, los arcos de flores y aquella multitud que cada agosto espera verla pasar, hubo un pequeño pueblo escondido entre las montañas. Allí comienza una historia que los lojanos seguimos contando más de cuatro siglos después. Era 1594. En El
Hay días en los que parece que todo se pone de acuerdo para que salga mal. Un mensaje inesperado, una crítica injusta, un proyecto que fracasa, alguien que nos decepciona o simplemente un plan que no salió como imaginábamos. Entonces reaccionamos. Contestamos demasiado rápido, discutimos, nos frustramos y terminamos entregándole nuestra tranquilidad a una situación
Durante generaciones crecimos escuchando una frase que parecía inquebrantable: “El deber está antes que el descanso”. Y tenía sentido. La vida comenzaba temprano. Había escuela, trabajo, animales que atender, tareas domésticas, responsabilidades familiares y un largo listado de obligaciones que no esperaban a que desapareciera el sueño. Levantarse temprano no era un castigo; era una
Vivimos en una sociedad que mide el éxito por el número de contactos, seguidores o reuniones en la agenda. Pareciera que estar rodeados de personas es sinónimo de plenitud, mientras que caminar solos se interpreta como un fracaso personal. Sin embargo, pocas experiencias son tan reveladoras como descubrir que la verdadera compañía no depende de
Hay cumpleaños que celebramos con entusiasmo y otros que preferimos no recordar. Sin embargo, existe una edad que rara vez aparece en una conversación familiar y que, paradójicamente, dice mucho más sobre nuestra calidad de vida que la fecha escrita en un documento de identidad. Es la edad biológica: la que refleja cómo está funcionando
Hay encuentros que no caben en un calendario. Llegan después de muchos años, pero tienen la extraña capacidad de desobedecer al tiempo. Basta cruzar una mirada, escuchar una risa familiar o recordar una anécdota para que las décadas parezcan un simple paréntesis. No es magia ni nostalgia. Es algo mucho más profundo: el reconocimiento de
Todos tenemos un cajón que rara vez abrimos. Allí descansan objetos que llevan años sin cumplir ninguna función: un cable de un aparato que ya no existe, una libreta a medio llenar, una caja vacía o una prenda que prometimos volver a usar. A simple vista, parecen simples acumulaciones sin importancia. Sin embargo, la verdadera
Hay partidos que se juegan en estadios repletos de aficionados y otros que se disputan en el silencio de la vida cotidiana. Algunos duran noventa minutos; otros se extienden durante años. Unos terminan con un marcador visible; otros dejan huellas invisibles que transforman nuestra manera de mirar el mundo. Sin embargo, todos tienen algo en
Cada cuatro años, el fútbol vuelve a recordarnos algo extraordinario: la capacidad que tiene un simple balón para unir a millones de personas. Familias enteras se reúnen frente a una pantalla, desconocidos se abrazan en una plaza y los colores de una camiseta parecen borrar, por un instante, las diferencias que nos separan. Sin embargo,
Cada año, cuando llega el Día del Padre, pareciera que la fecha pasa casi en silencio. No hay la misma expectativa comercial, ni las largas campañas publicitarias, ni la atención social que reciben otras celebraciones familiares. Sin embargo, detrás de esta aparente discreción existe una realidad que merece ser reconocida: miles de hombres que cada
El próximo 11 de junio, cuando el árbitro dé el pitazo inicial de la Copa Mundial de la FIFA 2026, millones de personas alrededor del planeta detendrán por un momento sus rutinas para compartir una misma emoción. Los estadios se llenarán de colores, los himnos nacionales resonarán con orgullo y el balón comenzará a rodar