¿Puede una antigua historia de fe encontrar respuestas en los registros del clima? ¿Es posible que una crónica escrita hace más de cuatro siglos nos ayude a comprender lo que ocurrió en aquel pequeño poblado de El Cisne, cuando sus habitantes estuvieron a punto de abandonar sus tierras?
La respuesta nos lleva hasta 1594, un año que permanece profundamente ligado al nacimiento de la devoción a Nuestra Señora de El Cisne.
Cuenta la tradición recogida en la Novena de la Virgen del Cisne que una prolongada sequía castigó a numerosos pueblos de la provincia de Loja. Los campos dejaron de producir, la tierra perdió su humedad y, para agravar la desgracia, apareció una plaga de ratones que consumió cuanto había conseguido sobrevivir.
En El Cisne, sus habitantes llegaron a considerar una decisión dolorosa: marcharse definitivamente. Sin embargo, antes de abandonar el poblado elevaron sus plegarias a María y prometieron levantar una iglesia en su honor. Según el relato religioso, después de aquella súplica llegó la lluvia.
Durante generaciones, esta historia fue transmitida como un acontecimiento milagroso. Pero existe otra mirada que merece conocerse.
En el apartado “Las señales telúricas”, del libro “La nueva historia de Loja” del investigador lojano Galo Ramón Valarezo (2008), se presenta una investigación que examina las condiciones climáticas de aquella época y encuentra testimonios históricos particularmente interesantes.
Uno de ellos pertenece al padre Reginaldo de Lizárraga, quien residía en Trujillo, Perú. Su crónica relata que, durante 1594, se produjeron lluvias extraordinarias en aquella región costera, precisamente cuando debía transcurrir la temporada seca. El agua sorprendió a sus habitantes y favoreció la proliferación de grillos o langostas y ratones, convirtiendo las precipitaciones en una nueva calamidad.
Aquello no era un acontecimiento aislado.
Los investigadores consultaron también fuentes independientes de Paita y Trujillo y encontraron indicios de importantes alteraciones climáticas. El estudio señala que, después de varios años secos, 1594 presentó lluvias anormales, mientras que en 1596 se produjo un episodio del fenómeno de El Niño, documentado también en Paita.
¿Qué relación tiene todo esto con nuestra Churonita?
Los fenómenos climáticos de esta naturaleza pueden alterar profundamente las condiciones habituales de distintas regiones, de acuerdo a las ciencias encargadas de estos estudios. Mientras determinados territorios reciben precipitaciones excepcionales, otros pueden experimentar sequías y desequilibrios ambientales. Las plagas, por su parte, encuentran condiciones favorables para reproducirse o desplazarse.
Desde esta perspectiva, la sequía y las plagas recordadas por la tradición de El Cisne encuentran un contexto ambiental históricamente plausible. No significa que la ciencia haya demostrado una aparición sobrenatural, ni que todos los acontecimientos puedan atribuirse a un mismo episodio climático. Significa algo igualmente valioso: la memoria religiosa conserva referencias a calamidades que coinciden con alteraciones ambientales documentadas en aquella región y época.
Y aquí aparece una reflexión que consideramos fundamental: La ciencia y la fe no necesitan competir por esta historia. La primera nos ayuda a comprender las circunstancias naturales que pudieron rodear aquellos acontecimientos; la segunda explica el significado espiritual que los habitantes atribuyeron a su experiencia.
Para aquellos campesinos, la lluvia no representaba únicamente un cambio meteorológico. Era la posibilidad de quedarse, volver a sembrar, alimentar a sus familias y recuperar la esperanza.
Quizá por eso, 432 años después, la historia sigue emocionándonos.
Porque detrás de las crónicas, los fenómenos climáticos y las interpretaciones religiosas encontramos algo profundamente humano: un pueblo que, frente a la adversidad, se resistió a desaparecer.
La ciencia nos permite buscar las huellas de aquella lluvia. La tradición nos recuerda por qué sus habitantes nunca dejaron de agradecerla.
Y entre ambas miradas continúa viva la historia de Nuestra Señora de El Cisne.
Nota de rigor histórico: Estos registros respaldan la existencia de alteraciones climáticas regionales, por lo que queda seguir indagando en esta comprobación científica, y unirla a la tradición oral de la aparición mariana.
Fuentes de consulta: Ramón, G. (2008): La Nueva Historia de Loja. Graficas Iberia.



