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¿Quién quiere salvar la relación y quién está dispuesto a cambiar?

Hay parejas que pasan años intentando resolver sus problemas a puerta cerrada. Discuten, se distancian, se reconcilian y vuelven a discutir. En ocasiones, la relación se deteriora tanto que finalmente consideran acudir a terapia psicológica. Sin embargo, algo llama la atención: muchas parejas tardan demasiado en buscar ayuda y otras no regresan después de su primera consulta.

¿Por qué sucede esto?

Buscar terapia implica reconocer que algo no está funcionando, pero también aceptar que quizá no toda la responsabilidad está en el otro. Y ahí comienza una de las mayores dificultades: escuchar aquello que no queremos escuchar sobre nosotros mismos.

A veces, uno de los miembros de la pareja acude esperando que el psicólogo le dé la razón, que explique por qué su pareja está equivocada o que consiga cambiar su comportamiento. Pero la terapia no es un tribunal donde se determina quién tiene la culpa. Es un espacio donde ambos pueden reconocer sus responsabilidades, comprender sus diferencias y construir nuevas formas de relacionarse.

¿Por qué algunos no regresan? Porque el proceso puede resultar incómodo. Hablar de lo que duele, reconocer errores, modificar hábitos y escuchar la perspectiva del otro exige un esfuerzo que no siempre estamos dispuestos a realizar. También influyen las dificultades económicas, los horarios, las expectativas y la percepción de que, después de una primera conversación, el problema ya mejoró.

¿Y quién está más dispuesto a cambiar: el hombre o la mujer?

Algunas investigaciones encuentran que las mujeres suelen identificar y comunicar antes la insatisfacción en la relación y muestran mayor iniciativa para buscar ayuda profesional. Sin embargo, esto no significa que tengan mayor capacidad de cambio ni que los hombres sean menos capaces de transformar sus comportamientos. La disposición al cambio depende de cada persona, de su historia y de cuánto esté dispuesta a cuestionarse.

Quizá el verdadero problema no sea quién cambia primero, sino que ambos esperan que sea el otro quien dé el primer paso.

Una relación no se transforma únicamente porque dos personas decidan permanecer juntas. También necesita que ambas estén dispuestas a revisar aquello que están haciendo para mantenerse en conflicto.

Porque querer que la relación cambie no es lo mismo que estar dispuesto a cambiar uno mismo.

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