Hay lugares donde la vida nos recuerda su fragilidad. Hospitales, centros de salud, iglesias, cementerios y funerarias son espacios que acompañan a las personas en momentos profundamente humanos. Precisamente por ello, también pueden convertirse en escenarios donde la prevención tenga un lugar.
Con frecuencia paso por una zona donde una funeraria conocida de la ciudad, después de algunos velorios, una imagen se repite: decenas de botellas vacías permanecen sobre las aceras. La escena ya casi no llama la atención. Se ha vuelto parte del paisaje y, quizá por eso, dejamos de preguntarnos qué mensaje transmite, especialmente a los niños y adolescentes que pasan por el lugar.
No se trata de cuestionar cómo cada familia vive su despedida. El duelo merece respeto y cada persona lo afronta de manera diferente. Sin embargo, sí vale la pena preguntarnos si las instituciones que acompañan a las familias podrían aprovechar esos momentos para promover mensajes de cuidado y salud.
Muchas organizaciones cuentan con profesionales de psicología, áreas de bienestar o programas de responsabilidad social. Un pequeño afiche sobre consumo responsable, material informativo o una campaña ocasional podrían convertirse en una oportunidad para sembrar conciencia. No porque un mensaje cambie una conducta de inmediato, sino porque la prevención se construye con acciones pequeñas y constantes.
La reflexión, en realidad, va más allá de un solo lugar. ¿Por qué no aprovechar también los estadios, coliseos, centros comerciales, bares, restaurantes, terminales terrestres o cualquier espacio donde diariamente confluyen cientos de personas? Si esos escenarios ya transmiten mensajes comerciales, culturales o de seguridad, también podrían convertirse en aliados para promover hábitos saludables, prevenir el consumo problemático de alcohol y fortalecer una cultura de autocuidado.
La prevención del consumo no es responsabilidad exclusiva del sistema de salud. Es una tarea compartida entre instituciones públicas, empresas privadas, organizaciones sociales y toda la comunidad. Cada espacio tiene la capacidad de influir, aunque sea con un mensaje sencillo.
Tal vez hemos normalizado tanto ciertas conductas que dejamos de percibir el mensaje que envían. Si una institución tiene la oportunidad de sembrar una idea que proteja la salud y el bienestar de las personas, ¿por qué no aprovecharla? La prevención también comienza cuando decidimos no dejar pasar esas oportunidades.



