Cuando una persona busca atención médica, normalmente piensa en llegar a un especialista, recibir un diagnóstico y encontrar un tratamiento. Sin embargo, la seguridad del paciente comienza mucho antes y continúa mucho después de salir de un consultorio. Implica saber dónde acudir, comprender la información recibida, tener seguimiento y contar con herramientas que permitan tomar decisiones oportunas sobre la propia salud.
En Ecuador, el desafío es especialmente relevante en un sistema que combina distintos actores y niveles de atención. Según el INEC, en 2024 existían 626 establecimientos que prestaban servicios de internación hospitalaria, de los cuales 178 pertenecían al sector público y 448 al privado. Ese año se registraron más de 1,13 millones de egresos hospitalarios. Estas cifras muestran la dimensión de la atención sanitaria, pero también invitan a mirar una pregunta diferente: ¿qué ocurre con el paciente entre una atención y otra?
La Organización Mundial de la Salud plantea que aproximadamente 1 de cada 10 pacientes sufre algún daño durante la atención sanitaria y que cerca de la mitad de estos daños podrían prevenirse. Para 2026, el Día Mundial de la Seguridad del Paciente pone el foco precisamente en las enfermedades no transmisibles y en la necesidad de garantizar una “atención segura durante toda la vida”.
En este contexto, cuidar al paciente requiere superar una visión fragmentada de la atención. La prevención, el diagnóstico oportuno, el acceso a información clara, la continuidad del tratamiento y el acompañamiento posterior forman parte de una misma experiencia. La OPS también señala que el acceso universal implica servicios integrales, adecuados, oportunos y de calidad, sin que su utilización genere barreras financieras para las personas.
“Durante mucho tiempo hemos entendido la atención médica como un momento: una consulta, un examen o una hospitalización. Hoy necesitamos verla como un recorrido. La verdadera transformación está en acompañar mejor a las personas antes, durante y después de cada atención, utilizando información, tecnología y coordinación para que el paciente tenga un papel más activo en sus decisiones de salud”, señala Julio Tarré, Gerente General de Plan Vital.
El reto también pasa por aprovechar mejor las herramientas disponibles. La tecnología puede facilitar el acceso a información, reducir fricciones administrativas, mejorar la comunicación y ayudar a conectar distintos momentos de la atención. Pero su valor no está en digitalizar procesos por sí mismos, sino en hacer que la experiencia sea más clara, segura y humana. Para Plan Vital, esta evolución plantea una conversación que trasciende a cualquier empresa: el futuro de la salud no debería medirse solamente por cuántas personas logramos atender, sino por qué tan bien acompañamos a cada persona durante su recorrido de salud.







