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El regreso a clases también estresa a los padres: cómo reorganizar la casa, el tiempo y el bolsillo

El regreso a clases no solo cambia la rutina de los niños. También pone a prueba la paciencia de los padres.

Lo digo como padre. Mis hijas se enfermaron y no pudieron asistir a los primeros días de clases. De pronto, los horarios, las actividades pendientes y la organización familiar tuvieron que cambiar. Y ahí uno entiende que volver a clases no consiste únicamente en comprar útiles y preparar uniformes.

También implica volver a tener tiempo para todo.

Y quizá allí está uno de los mayores desafíos: los padres queremos que nuestros hijos sean cada vez más independientes, pero a veces confundimos autonomía con dejar de acompañarlos.

Que un niño prepare su mochila, ordene sus cosas o ayude en casa es positivo. El problema aparece cuando esperamos que se organice, cumpla sus tareas, controle sus emociones y responda ante las exigencias escolares como si fuera un adulto.

Estamos criando niños, no pequeños adultos.

La presión tampoco viene solo de ellos. Los padres regresamos a horarios más estrictos, jornadas laborales, gastos escolares, transporte, alimentación y una lista interminable de pendientes. Esa acumulación puede hacer que perdamos algo fundamental: la paciencia.

Y los niños también sienten el cambio. El estrés puede manifestarse en irritabilidad, dificultades para dormir, cambios de comportamiento o incluso molestias físicas. Por eso, no todo lo que parece desobediencia es necesariamente falta de disciplina.

Una encuesta de Ipsos realizada en Canadá encontró que el 68% de las madres consultadas siente que su carga mental aumenta durante el regreso a clases. El dato no representa a las familias ecuatorianas, pero evidencia una realidad que merece atención: la vuelta al colegio también reorganiza —y muchas veces sobrecarga— la vida de los adultos.

En Ecuador, además, el regreso a clases supone afrontar nuevamente gastos de útiles, uniformes, alimentación y transporte. Pero quizá el costo que menos calculamos sea otro: el desgaste familiar que aparece cuando queremos que todo funcione perfectamente.

Los niños necesitan límites y responsabilidades. Pero también necesitan tiempo, descanso, acompañamiento y la posibilidad de equivocarse.

Tal vez este regreso a clases sea una oportunidad para que los padres también hagamos nuestra tarea: organizar mejor, repartir responsabilidades y, sobre todo, recuperar la paciencia.

Porque enseñar autonomía no significa dejar solos a nuestros hijos.

Significa acompañarlos hasta que puedan hacerlo solos.

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