Hay frases que incomodan, pero precisamente por eso deben provocar una reflexión. Una de ellas sostiene: “No son políticos, son delincuentes. No son partidos, son mafias. No gobiernan, delinquen.”
Aunque no podemos convertir una acusación general en una verdad absoluta, sí podemos reconocer una realidad que preocupa a la sociedad: cuando la política deja de ser servicio y se convierte en un mecanismo para beneficio personal, pierde su esencia y destruye la confianza ciudadana.
La política no debería ser un negocio. Un partido político no debería funcionar como una estructura de intereses particulares. Y una institución pública jamás debería convertirse en patrimonio de quienes temporalmente ocupan un cargo.
El problema no es la política. El problema es cuando personas sin principios utilizan la política para enriquecerse, favorecer a sus amigos, controlar instituciones o perpetuarse en el poder.
Por eso, el ciudadano tiene una responsabilidad enorme: dejar de premiar con el voto a quienes aparecen únicamente durante las campañas, ofrecen regalos, prometen lo imposible o utilizan los recursos públicos como si fueran propios.
Pero también existe una responsabilidad todavía mayor para quienes gobiernan.
Gobernar significa administrar recursos que pertenecen a todos. Significa rendir cuentas, respetar la ley, escuchar a la ciudadanía y tomar decisiones pensando en el interés colectivo, incluso cuando esas decisiones no sean populares.
La política necesita recuperar su dignidad.
Necesitamos menos políticos que busquen poder y más servidores públicos que entiendan la responsabilidad que significa ejercerlo.
Porque cuando la política se convierte en corrupción, pierde la gente. Cuando se convierte en espectáculo, pierde la democracia. Y cuando se convierte en negocio, pierde el territorio.
El verdadero cambio no llegará solamente cambiando nombres o partidos.
Llegará cuando la sociedad exija algo mucho más sencillo y, al mismo tiempo, mucho más difícil: políticos honestos, instituciones transparentes y gobiernos que recuerden todos los días que el poder no les pertenece. Les pertenece a los ciudadanos.

