En Loja, una escena se repite cada vez más: adolescentes sentados juntos durante la comida, pero cada uno mirando su celular. No hablan entre ellos. Están juntos, pero no están presentes.
He visto en consulta, en los últimos meses, algo que se repite con fuerza: adolescentes que no llegan diciendo “estoy triste”, sino “no soy suficiente”. No siempre hay un problema visible. Hay algo más silencioso y más peligroso: una comparación constante que los desgasta por dentro.
Séneca decía que no hay viento favorable para quien no sabe a qué puerto va. Hoy el problema es otro: muchos adolescentes no solo están perdidos, están saturados de destinos ajenos. Viven expuestos a vidas que parecen perfectas, pero que casi nunca son reales.
Sartre hablaba de la mirada de los otros como una forma de peso sobre la vida. Hoy esa mirada se ha multiplicado. Ya no es una persona juzgando, son miles de pantallas mostrando constantemente cómo “debería” ser una vida.
El resultado no siempre se nota de inmediato. Se ve en la irritabilidad, en el cansancio emocional, en la falta de motivación, en la baja autoestima. Pero muchas veces se sigue llamando “edad difícil” o “falta de interés”.
No es solo tecnología. Es una cultura que ha normalizado la idea de que si no destacas, no vales. Que si no publicas, no existes. Que si no encajas en lo visible, estás quedando fuera.
Y aquí hay algo que incomoda más todavía: muchos adultos también viven dentro de esa misma lógica. Padres que revisan el celular en la mesa, que responden mensajes mientras alguien les habla, que también se comparan con otras vidas sin notarlo. Y sin quererlo, enseñan más con lo que hacen que con lo que dicen.
Ahora mismo podrías estar leyendo esto mientras tu hijo está en su habitación, conectado a una pantalla, pero desconectado de ti.
Entonces, la pregunta ya no es solo para los adolescentes. Es más incómoda: ¿qué tipo de presencia estamos teniendo en casa? ¿Realmente nos estamos mirando o solo estamos compartiendo espacio?
Porque, al final, el problema no es compararse.
El problema es una sociedad donde vivir ya no parece suficiente si no se puede mostrar.