Hubo un tiempo en que para escuchar nuevamente una canción había que rebobinar una cinta. No existían Spotify, YouTube ni archivos guardados en la nube. Había casetes que pasaban de una mano a otra y que, con los años, terminaban convertidos en pequeñas cajas de recuerdos. Uno de ellos guarda una parte hermosa de la memoria mariana de Loja.
La historia nos lleva hasta 1990. Teresa Mora de Valdivieso (1931-2019), escritora lojana, puso palabras a una devoción que conocía de cerca y escribió “Qué bella eres, Reina del Cisne”, inspirándose en el libro de la Biblia “Cantar de los Cantares”. La canción fue interpretada por Petronila Burneo (1937-2018) y, con el paso del tiempo, llegaría a convertirse en una de esas melodías capaces de hacer que muchos lojanos reconozcan a su tierra apenas escuchan los primeros versos.
Su coro resume esa cercanía:
“Que bella eres, Reina del Cisne, qué bella eres
tus ojos son como dos palomas en raudo vuelo”
Cuatro años después ocurrió algo especial.
Era 1994 y se conmemoraban los cuatrocientos años de la presencia de la Virgen de El Cisne. Loja vivía una celebración extraordinaria que coincidió también con el Sexto Congreso Nacional Mariano. Entre peregrinaciones, encuentros religiosos y manifestaciones de fe apareció un objeto que hoy despierta inevitablemente nostalgia: un casete con las composiciones del “Festival de la Canción Mariana”, vendido durante aquellas celebraciones.
Dentro de aquella cinta quedó atrapado un pequeño patrimonio musical.
Junto a Qué bella eres, Reina del Cisne aparecían canciones como Reina Universal, Ave María, Oh María, Gracias Madre Mía, Reina, Dulce y Amada, Devoción y Amor, Dulce Madre de los Pobres y 400 años Reina del Cisne. Eran distintas melodías, pero compartían una misma raíz: cantar aquello que muchas veces la fe popular no sabe explicar con palabras.
Y quizá allí esté lo verdaderamente valioso.
Hoy podemos mirar aquel casete como una tecnología superada. Pero sería un error verlo únicamente así. Esa cinta es también memoria sonora de Loja. En sus pocos metros de material magnético quedaron las voces, la sensibilidad artística y la manera de expresar la fe de una generación.
Los jóvenes de hoy probablemente nunca hayan tenido que introducir un lápiz en un casete para rebobinarlo. Quienes lo hicieron seguramente sonríen al recordarlo. Sin embargo, ambas generaciones pueden encontrarse en algo mucho más profundo: comprender que una ciudad también se cuenta a través de las canciones que decide conservar.
Por eso vale la pena rescatar estas grabaciones antes de que el tiempo las silencie. Digitalizarlas, documentar quién escribió e interpretó cada tema y volver a escucharlas no sería simplemente un ejercicio de nostalgia. Sería cuidar nuestro patrimonio.
Porque hay canciones que envejecen.
Y hay otras que, aun guardadas durante décadas en una vieja cinta, esperan pacientemente que alguien vuelva a presionar “play” para recordarnos quiénes somos.
Fuentes de consulta: Ojeda, H. (2010): Tradición, Historia y Devoción de la Reina de El Cisne. Gráficas Lizette.


