En cada proceso electoral aparecen quienes pretenden llegar al poder regalando cosas, comprando voluntades o utilizando la necesidad de la gente para conseguir un voto. Son los mismos que piensan en “meter aguja para sacar barreta”, buscando el beneficio personal antes que el bienestar colectivo.
Y mientras algunos compran votos, otros inventan chismes, crean historias falsas y generan miedo entre la ciudadanía para confundir y dividir. Pero los pueblos merecen algo mejor.
El desarrollo de nuestros territorios no puede depender de regalos de campaña ni de cuentos inventados. Debe construirse con propuestas serias, planificación, transparencia y un verdadero compromiso con las necesidades de cada comunidad.
Como ciudadanos, tenemos una enorme responsabilidad: no vender nuestro futuro por una dádiva ni decidir nuestro voto por un rumor. Debemos analizar las propuestas, y escoger a quienes tengan una visión clara de desarrollo para nuestras parroquias, cantones y provincias.
Porque cuando elegimos mal, no solo perdemos cuatro años: perdemos oportunidades, retrasamos el progreso y condenamos a nuestras comunidades a seguir esperando.



