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La papeleta más larga y el mandato más débil

El 29 de noviembre, un lojano entrará a votar y tendrá que marcar entre ocho nombres para la Alcaldía. Ninguno de esos ocho podrá gobernar con la fuerza que exige lo que enfrenta el cantón: décadas de gente haciendo maletas.

Loja cerró el registro de candidaturas con 504 postulaciones, la cifra más alta del país. Hacia el 10 de septiembre, cuando el CNE calificaba en firme las candidaturas a las 16 alcaldías de la provincia, Loja ya sumaba 61 aspirantes, más que ninguna otra provincia. Ni siquiera Azuay la alcanza: pese a tener 801.609 habitantes, 65% más población que Loja, reúne menos candidatos a alcaldías. En el cantón Loja, la carrera cerró con ocho nombres, tras partir de nueve precandidatos. Sobre ella, el analista electoral Daniel González advirtió que la fragmentación del voto impedirá que el ganador supere el 30% de respaldo: el próximo alcalde llegará al cargo con al menos siete de cada diez votos repartidos en otras papeletas.

Ese mismo patrón, mucha gente disputando poco, se repite en otros dos números de la provincia. El primero es la migración: 219.202 personas nacidas en Loja, cuarta cifra más alta del país, viven hoy fuera de ella, frente a los 485.421 habitantes que se quedaron. Es decir, tres de cada diez lojanos de origen ya no viven en su provincia. El segundo es el número de organizaciones políticas locales: Loja empata con Manabí en el mayor registro del país, con 21, un 40% más que Guayas (15), pese a que Guayas tiene nueve veces más habitantes.

Fragmentación electoral, migración y proliferación de movimientos locales no son tres crisis distintas que coinciden por casualidad en el calendario. Leídas juntas, explican que: cuanto más limitadas son las oportunidades dentro de la provincia, más se fragmenta la política, porque más gente compite por ese pedazo de Estado que todavía reparte algo. Y cuanto más se fragmenta la política, menos fuerza tiene quien gane para ampliar esas oportunidades. No es que a Loja le sobre democracia. Es que le sobra gente compitiendo por lo poco que hay, y eso también se refleja en las urnas.

No hace falta que gane un mal candidato para que Loja siga perdiendo gente. Basta con que el ciclo se repita, una provincia con pocas salidas empuja a unos a hacer la maleta y a otros a fundar un movimiento para disputar lo que reparte el municipio. Ese es el verdadero costo de una papeleta tan larga: no revela que sobran opciones, revela que ya casi no queda nada más por lo cual competir en Loja, salvo el poder mismo.

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