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Vencedores vencidos

La noticia me sorprendió esta mañana leyendo la prensa. Había muerto el Indio Solari, una de las figuras más importantes del rock latinoamericano. Durante décadas fue capaz de movilizar a cientos de miles de personas alrededor de algo que iba mucho más allá de la música. Sus conciertos se parecían a esos raros rituales colectivos donde una multitud se reconoce formando parte de una misma historia.

Mientras leía las noticias, volví a pensar en una de sus canciones más conocidas: Vencedores Vencidos.

Siempre me ha parecido un título extraordinario.

Porque encierra una contradicción que, en realidad, define buena parte de la experiencia humana. ¿Cómo puede alguien ser vencedor y vencido al mismo tiempo?

La respuesta aparece cuando descubrimos que la vida rara vez cabe en categorías tan simples. Existen victorias que dejan heridas y derrotas que terminan enseñándonos más que cualquier triunfo. Hay éxitos que vacían y fracasos que transforman.

Dentro de pocos días comenzará un nuevo Mundial de Fútbol masculino, el mayor espectáculo de masas del planeta. Durante semanas volveremos a hablar de campeones y eliminados, de ganadores y perdedores. Pero quizá el fútbol pueda enseñarnos algo mucho más importante.

Solo una selección levantará la copa. Las demás volverán a casa.

¿Significa eso que todas habrán fracasado?

Nadie diría que Marruecos fracasó en Qatar cuando se metió entre los 4 mejores o que Ecuador fracasó cuando alcanzó por primera vez un Mundial. Y, sin embargo, vivimos en una sociedad que sigue educando a sus hijos como si el único resultado aceptable fuera ganar.

Tal vez uno de los grandes desafíos de nuestro tiempo sea precisamente el contrario.

Aprender a perder.

Perder sin humillarse. Perder sin convertir al adversario en enemigo. Perder sin creer que nuestra dignidad depende del resultado.

Porque la derrota no es una anomalía. Es una de las experiencias más comunes de la vida. Perdemos oportunidades, proyectos, trabajos y personas que amamos. Y cuanto antes aprendamos a convivir con ello, más libres seremos.

Quizá por eso la canción del Indio sigue resonando tantos años después. Porque todos hemos sido alguna vez vencedores vencidos. Y también vencidos que encontraron en sus derrotas la fuerza para seguir adelante.

Dentro de unas semanas conoceremos al nuevo campeón del mundo. Pero sospecho que las historias más importantes volverán a ser otras: las de quienes soñaron, lucharon y se atrevieron a competir aun sabiendo que probablemente no levantarían la copa.

Porque la vida, al final, sucede mucho más allá de los podios.

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