Inicio / Columnistas / Precios bajos, precarización, inseguridad y ganancias millonarias

Precios bajos, precarización, inseguridad y ganancias millonarias

Desde hace algunos años, hemos sido testigos del vertiginoso crecimiento de las tiendas hard discount (o, en español, «harto descuento», léase con tono sarcástico). El auge de este modelo de negocios en el Ecuador llegó de la mano de Corporación El Rosado, un conglomerado económico con una larga trayectoria gracias a marcas como Mi Comisariato, Mi Juguetería e Hypermarket. Ahora, a través de TuTi, el grupo ha logrado penetrar hasta los rincones más recónditos del país, llevando una aparente oferta de productos competitivos a los hogares ecuatorianos.

Sin embargo, cabe preguntarse qué hay realmente detrás de esta novedad y de sus precios convenientes. En primer lugar, se vislumbra un escenario de competencia desleal para las tiendas de barrio. Si bien estos pequeños comercios aún subsisten —impulsados más por dinámicas sociales que económicas, como el vecino que «fía» o la variedad que incluye desde medicinas hasta artículos de ferretería—, la realidad cambia cuando se trata de las compras del hogar. Ahí, la «novelería» y la búsqueda del ahorro inmediato juegan un papel fundamental, permitiendo que el gigante del hard discount aplaste al comercio local.

Curiosamente, TuTi se ha transformado en una suerte de tienda de culto. Las redes sociales han sido el motor de su crecimiento: los trends en TikTok mostrando sus características fundas inundaron las plataformas, y el pequeño «costalito» ha paseado virtualmente por medio mundo. Este fenómeno ha provocado que productos promocionales, como camiones de juguete o modelos a escala de la tienda, se agoten en tiempo récord. Toda esta euforia digital se traduce, inevitablemente, en ventas masivas y ganancias millonarias para el grupo económico.

No obstante, estas astronómicas utilidades no se reflejan en la infraestructura de los locales. Para sostener la estética del bajo costo, las perchas son rudimentarias y los establecimientos lucen sumamente austeros, asemejándose más a una bodega que a un supermercado tradicional. Tampoco se invierte en seguridad ni en servicios de valor agregado para el consumidor, como el pago con tarjetas o transferencias electrónicas; al manejarse exclusivamente en efectivo, la delincuencia ha puesto a estas tiendas en su radar. Mientras el resto del sector comercial intenta reducir el uso de dinero físico para mitigar riesgos, esta cadena traslada la peligrosa responsabilidad del manejo de efectivo a sus empleados polifuncionales.

El reciente y trágico asalto al TuTi del sector El Inca, en Quito, puso sobre la mesa el debate de la precarización laboral a la que están sometidos sus trabajadores. Con profunda indignación, la hermana de la víctima mortal reclamaba que, pese a generar ingresos millonarios, la empresa no contrata seguridad privada. Además, denunció que los empleados, sin importar la hora de salida —pues tras el cierre al público deben limpiar y abastecer las perchas para el día siguiente—, ni siquiera cuentan con facilidades de transporte seguro.

Detrás del fenómeno TuTi y sus precios imbatibles se esconde una realidad alarmante donde el éxito corporativo parece sostenerse sobre la vulnerabilidad de sus trabajadores y clientes. Al final del día, el modelo del hard discount funciona como un reflejo perfecto de la inhumanidad del sistema capitalista, un engranaje diseñado para beneficiar siempre al capital y al recurso económico por encima del bienestar y la dignidad del ser humano. El verdadero costo de estos negocios no se paga en las cajas registradoras, sino en la seguridad y la dignidad de quienes sostienen el negocio desde adentro. Queda en manos del consumidor, exigir que la rentabilidad de un gigante empresarial jamás vuelva a priorizarse por encima de la vida humana.

Deje un comentario