Loja | Durante varios años, Carmen Francisca Collaguazo, de 58 años, enfrentó una condición dermatológica caracterizada por rosácea y rinofima, siendo esta última la manifestación más compleja y severa de su enfermedad. Sin embargo, su historia cambió cuando accedió a atención especializada en el Hospital General Isidro Ayora, donde recibió un tratamiento integral y un seguimiento continuo.
La rinofima, una afección crónica que provoca el engrosamiento progresivo de la piel de la nariz, generó en la paciente dificultades en su vida cotidiana, afectando su autoestima y limitando su participación en espacios sociales, mientras la enfermedad avanzaba de forma silenciosa.
El acompañamiento constante y los controles periódicos permitieron una recuperación que marcó un antes y un después en su bienestar y calidad de vida. Hoy, su realidad es distinta porque evidencia una notable mejoría en su piel. Recuperó la confianza, volvió a sonreír sin miedo y retomó actividades que había dejado de lado durante años, demostrando que la atención oportuna en salud también transforma desde lo emocional y lo humano.
Esta historia es testimonio del compromiso que tiene el personal del hospital con una atención integral, humana y especializada, que garantiza el acceso a servicios de salud de calidad y ratifica que detrás de cada consulta hay una vida que puede cambiar cuando recibe el acompañamiento adecuado.
La especialista en dermatología, Fanny Macanchi, enfatizó que durante los últimos cinco años ha atendido a cinco pacientes con la misma patología; sin embargo, el caso de Carmen presentó un mayor grado de complejidad. En este contexto, hizo un llamado a la ciudadanía para que acuda oportunamente a consulta dermatológica, evitar automedicarse, proteger la piel para prevenir complicaciones de salud.






